miércoles, 18 de abril de 2018

3ª semana de Pascua - jueves

Juan 6, 44-51
Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré el último día. Los profetas han escrito que todos serán discípulos de Dios. Quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino el que está junto al Padre; ése ha visto al Padre. Les aseguro que quien cree tiene vida eterna.
  Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.

1. En este texto del discurso en Cafamaún, Jesús avanza en su propuesta. Y da un paso decisivo. Hasta ahora ha dicho algo fundamental, que repite una vez más: °Yo soy el pan de la vida". La propuesta religiosa, que Jesús hace, es propuesta de pan que sacia apetencias y que da vida. Vida `eterna", es decir, una vida sin limitación alguna, sin principio ni fin. Decir 'eterna" no es hablar 
de duración, sino de plenitud. Tomar en serio a Jesús es tomar en serio la vida, la propia y la de los demás.

2. Esto supuesto, el paso decisivo que ahora da Jesús es asegurar algo sorprendente: "el pan que yo daré es mi came". Ya no se trata del pan que representa a Jesús en cuanto que sustituye a la Ley y pone en marcha una nueva forma de entender y vivir la religión, según lo ya explicado. Ahora se trata de que Jesús mismo se da como pan. La palabra "carne" (sarx) tiene en el griego antiguo, entre otros significados. también el de "persona", es decir, el ser humano en su totalidad. Por eso, cuando Jesús dice: "el pan que yo daré es mi carne", quiere decir el pan que yo daré, no es solo el proyecto y el ejemplo de mi vida, sino que soy yo mismo. Jesús está presente en la vida del que cree en él. Jesús está en el creyente y le acompaña en su vida.

3. Jesús hace esto "para la vida del mundo", es decir, para que en el mundo haya vida. Jesús no habla aquí de la vida "religiosa", ni de la vida "sobrenatural, "espiritual" o 'eterna". Jesús habla de la vida sin adjetivo. Es lo más elemental y lo central que todos apetecemos: vivir. Y vivir bien, con seguridad, con salud, con dignidad. Esto es lo que, ante todo y sobre todo, quiere y propone Jesús.

3ª semana de pascua - miércoles

Jn 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed; pero como les he dicho, han visto y no creen. Todo lo que me da el Padre vendrá a mi, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la volun­tad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día".
1. Jesús es el pan de vida. Aquí Jesús no habla todavía de la eucaristía. El "pan de vida", según se pensaba entonces, es la ley religiosa dada por Moisés a Israel. Jesús, por tanto, al decir que él es el "pan de vida", lo que en realidad afirma es que, con su venida al mundo, se acabó la religión basada en el cumplimiento de leyes y normas, y empezó otra forma de entender y vivir la religión. Es la religión que consiste en vivir como vivió Jesús, pensar como pensó él y tener las costumbres y preferencias que él tuvo.

2.  Al proponer este proyecto de religión, Jesús no pide un imposible. Ni se trata de un proyecto de renuncias y sacrificios heroicos. Todo lo contrario. Lo que Je­sús promete es que quien tome en serio su proyecto no pasará ni hambre ni sed. Es decir, encontrará la satisfacción de sus apetencias más básicas. Lo que es tanto como asegurar que, en cualquier caso, la religión tiene que ser un proyecto de satisfacción, es decir, de felicidad.

3.  El problema, a juicio de Jesús, está en que la fe se conecta, no con "lo que se oye" sino con "lo que se ve". Lo que se oye es doctrina, teorías...; lo que se ve son hechos de vida. Y aquí es donde tropezamos con la dificultad. Los que vieron a Jesús, lo lógico es que creyeran en él. Nuestra dificultad radica en que no vemos a Jesús, sino cosas y conductas que, muchas veces, poco o nada tienen que ver con Jesús, Por eso, el recurso al Evangelio, a la "memoria"de su vida y su palabra, eso es lo que podrá fortalecer la fe que sacia nuestras apetencias más legítimas.

lunes, 16 de abril de 2018

3ª semana de Pascua - martes

EVANGELIO EN AUDIO  Jn 6, 30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: "¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, co­mo está escrito: Les dio a comer pan del ciclo". Jesús les replicó: "Les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del ciclo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo". Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de este pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed".
1.Jesús empieza a explicar aquí el significado profundo del pan que dio a comer a la gente cuando el episodio de la multiplicación de los panes. Jesús les ha dicho que no entendieron el significado profundo de lo que allí pasó. Y ellos le preguntan en qué consiste tal significado. En las Escrituras judías estaba dicho que, a los que huyeron de Egipto, Dios les dio a comer "pan del cielo" (Ex 16,13 ss; Sal 77,24 s; Sab 16,20), el maná del desierto.
2.  Jesús les responde que "el pan de Dios" es el que da vida, no a algunos privilegiados solamente, sino a todo el mundo. Pero aquí es determinante saber que, en tiempo de Jesús, cuando los judíos hablaban del "pan de Dios", con esa expresión se referían a la Ley que Dios dio al pueblo en el desierto por medio de Moi­sés. Esta interpretación está bien documentada y aceptada por los mejores especialistas en este asunto (X. Léon-Dufour).

3.  Pero lo sorprendente es que, a renglón seguido, Jesús añade: "Yo soy el pan de vida". Al decir eso, Jesús estaba afirmando:"La Ley que Dios les da soy yo" Es decir, la religión de Jesús no consiste en la observancia de unas normas legales, sino en el seguimiento y la adhesión a una persona. La estructura básica del cristianismo no es jurídica, sino personal. En cuanto que consiste en ser fiel a la relación fiel a Jesús.

3ª semana de Pascua - lunes

EVANGELIO EN AUDIO

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago, notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discí­pulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entre tanto, unas lanchas de Tiberiades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Se­ñor pronunció la acción de gracias). Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encon­trarlo en la otra orilla del lago le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo has venido aquí?" Jesús les contestó: "Les aseguro: me buscan, no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciaros. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que les dará el Hijo del Hombre; pues este lo ha sellado el Padre, Dios". Ellos le preguntaron: "¿ Y qué obra tenernos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?" Respondió Jesús: "La obra que Dios quiere es esta: que crean en el que Él ha enviado".
1.  La primera preocupación que siempre han tenido, y siguen teniendo, todos los seres humanos es la preocupación por la vida, por tener una vida sana y se­gura. Ahora bien, la sanidad y seguridad de la vida supone alimentación y salud. Por eso, como ya se ha dicho en este libro, los dos grandes temas, que apare­cen constantemente en los evangelios, son la salud de los enfermos y la comida de los que carecen de alimentos, no en cuanto limosna para llenar el estóma­go, sino como comensalia para compartir la mesa.

2.  Por eso, si hablamos de la comida, no en cuanto mera solución al hambre de cada uno, sino en cuanto comensalia, que nos lleva al tema del compartir con los demás, se comprende lo que Jesús le dijo a la gente que le buscaba. Aquella gente no comprendió el significado de la multiplicación de los panes. Solo ape­tecían el pan que aquel día les resolvería el problema del hambre. El problema está en que, como eso es lo único que nos preocupa a casi todos, por eso no se resuelve el problema del hambre en el mundo. Y, menos aún, el problema que es la causa de que haya tanta hambre en un mundo en el que sobran alimentos.
3.  Se suele decir que este espantoso problema no se resuelve porque no hay voluntad política para resolverlo. No es eso. El problema radica en la falta de fe, es decir, en la falta de una motivación superior, de una voluntad y una fuerza superior, que nos haga sensibles a la solidaridad y a la comensalia para todos. La so­lución está en que tengamos fe en Él, es decir, que la "memoria subversiva" de Jesús movilice nuestras vidas.

sábado, 14 de abril de 2018

3º domingo de Pascua - ciclo B

LECTURAS Y HOMILIA EN AUDIO: Lucas 24, 35-48

1.  Por más que el valor histórico de las apariciones del Resucitado se pueda poner en cuestión, su mensaje profundo es incuestionable. Ahora bien, tal mensa­je no consiste solo en afirmar que Jesús es El Viviente, que ha vencido a la muerte. Además de eso, los relatos de las apariciones dejan muy claro que Jesús Re­sucitado, por más que estuviera "exaltado por la diestra de Dios"(Hech2,33) y por más que "Dios lo constituyera Señor y Mesías" (Hec 2,36) e Hijo de Dios en plena fuerza" (Rm 1,4), lo más increíble y lo que más impresiona es que Jesús, precisamente después de la resurrección, es cuando aparece y se muestra más humano que nunca.
2.  Una vez que, en Jesús, Dios se fundió y se confundió con lo humano, cuando Jesús resucita, por más divinizado que nosotros lo pensemos y lo creamos, la di­vinización no lleva consigo ni un alejamiento, ni el mínimo de pérdida de su condición humana, sino todo lo contrario: precisamente porque nosotros lo vemos más divino, por eso se hace más profundamente humano.

3.  Esto explica que Jesús es reconocido al partir el pan, y su presencia quita todos los miedos y dudas, dando paz y alegría; se deja ver, tocar, palpar; come ante todos, se muestra a las mujeres antes que a nadie, les explica las Escrituras, condesciende con las exigencias de un incrédulo como Tomás, y hasta le pregunta a Pedro tres veces si es cierto que le quiere más que nadie. También Jesús resucitado es sensible al cariño humano y lo necesita.

viernes, 13 de abril de 2018

2ª semana de Pascua - sábado

EVANGELIO EN AUDIO: Jn. 6, 16-21

1.  El relato de la multiplicación de los panes termina diciendo que aquellas gentes, entusiasmadas al ver que Jesús les había dado de comer en abundancia, quisieron proclamarlo rey. Jesús no aceptó semejante propuesta: despidió a la gente, mandó a los discípulos a la otra orilla del lago, lejos de aquella posible tentación, y él se fue solo al monte, a orar. Jesús era un "hombre de Dios" no un "hombre del poder", ni "hombre de fama" y. menos aún, un "populista". La profunda humanidad de Jesús se alimentaba de su profunda espiritualidad.
2.  Alejarse del lugar del éxito, de la popularidad y del aplauso de la gente, resultó difícil, como una noche oscura, en un mar encrespado y con viento contrario. Así las cosas, lo que más sintieron fue el miedo, no la cercanía de Jesús que les buscaba rápido, para alcanzarlos, con la ingravidez del que se desliza por encima de las aguas agitadas.

3.  La palabra de Jesús, "Soy yo", va acompañada de un mandato que siempre agrada: "No teman". La cercanía de Jesús, la presencia de Jesús, va siempre acompañada de una experiencia que todos necesitamos y que tanto deseamos: liberarnos del miedo. Son demasiados los miedos que nos atenazan, nos atormentan, nos avergüenzan. Miedos inconfesables, miedos que no podemos superar. La presencia de Jesús se nota en la paz, la alegría y la ilusión que va unida a la victoria sobre el miedo.

jueves, 12 de abril de 2018

2ª semana de Pascua - viernes



1.  Lo más seguro es que cuando se escribió el evangelio de Juan, la multiplicación de los panes estaba ya relatada por escrito, por lo menos, cinco veces (Mc 6, 33-46; 8.1-9; Mt 14,18-23; 15.32-39; Lc 9.10-17). Por eso cabe decir que, si el IV evangelio relata una vez más este episodio, sin duda lo hace porque quiere que los cristianos caigan en la cuenta (o se enteren) de algo que no está dicho en los otros relatos y que es importante. ¿De qué se trata?

2.  
La multiplicación de los panes le sirve a Juan para introducir el capítulo que dedica al pan del cielo y a la eucaristía. Pero, en el relato de los panes, Juan señala un detalle que puede pasar inadvertido, pero que es de importancia. Se trata de que este hecho singular ocurrió cuando "estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos". Esta fiesta era la más importante de la religión de Israel. Porque conmemoraba el acontecimiento de la liberación de Egipto. Los israelitas tenían la obligación de subir a Jerusalén para matar el cordero en el templo y participar en los ceremoniales religiosos, que duraban siete días.

3.  El evangelio de Juan señala que. cuando llega la Pascua, la fiesta religiosa más importante de aquel pueblo, Jesús no sube a Jerusalén, no va al templo, no participa en los ritos religiosos de su nación. Jesús se queda en Galilea, con los pobres, en el campo, en medio de la pobre gente que solo tiene panes de cebada, el pan de los necesitados, y además lo tiene escaso. Y así las cosas, la gran fiesta religiosa, para Jesús, es que los hambrientos coman hasta saciarse. Jesús "secu­lariza" la religión: la hace menos sagrada y menos solemne, pero más humana. Según Jesús, cuanto más humano es algo, por eso mismo es más divino.